martes, 12 de marzo de 2013

Eternal sunshine(s)



Nadie podrá con nosotros                   



miércoles, 9 de enero de 2013

The moment you know...


As long as there's Sun, 
as long as there's rain, 
as long as there's fire...

                               As long as there's me,

as long as there's you.
 

(Where are we now?.- David Bowie)

domingo, 2 de septiembre de 2012

Tristeza

  “La tristeza es algo constante. 
Las canciones se dedican a tapar la tristeza 
igual que el ruido tapa el silencio. 
Así que cuando las canciones se acaban, 
vuelve la tristeza.”

(Ray Loriga)


El problema viene mucho
después,
cuando todas las canciones
se terminan
y la música ha dejado
-para siempre-
de sonar.
Cuando ya se hace real
lo imposible:
bajarse de un escenario
al que nunca
nos habremos subido.



Tengo mi tristeza siempre ahí...

sábado, 28 de julio de 2012

Declaración de principios

(A propósito de este discurso improvisado de Jeff Tweedy en un concierto)




"A la gente que está hablando durante esta actuación, tengo una pregunta para vosotros: ¿qué puedo hacer para ofreceros un servicio mejor? ¿No estoy tocando las canciones adecuadas? ¿No estoy volcando el corazón lo suficiente en vosotros? Decidme qué necesito hacer para conseguir que lleguéis a escuchar el concierto por el que habéis pagado por ir a ver. Lo digo en serio: honestamente, quiero… quiero ser lo mejor que pueda ser para vosotros. Quiero haceros felices, y si sois felices hablando, entonces ¿para qué habéis venido aquí? Porque yo también estoy aquí y, bueno, quiero que todos nosotros estemos aquí juntos. ¿Podéis callaros por una vez en vuestra puñetera vida y divertiros un poco sin mover la boca? Bien, ahora en serio: quiero… quiero decir que… ahora mismo estoy totalmente desengañado. Realmente lo estoy. Quiero que seáis felices, pero no entiendo… quiero decir: ¿no podéis oír allí al fondo? ¿No podéis oírme los del fondo? Bueno, ¿sabéis por qué? ¡Porque estáis hablando!

Ok, no, en serio, honestamente: sería muy muy chulo si vosotros, si todo el mundo estuviera realmente callado durante un instante. Sentirte a ti mismo en una habitación llena de gente con todos sus corazones latiendo y todos sus pensamientos y sentimientos… y vosotros sois parte de eso. Tú no eres sólo tú, eres parte de un grupo de gente de una forma realmente hermosa. Es algo realmente maravilloso ser parte de. Pero tenéis que prestarle atención. No es sólo por mí. No se trata de ser una especie de artista engreído, es lo que hacéis cuando vais a un concierto: sois parte de ello. ¿No os sentís al margen de todos los demás? Sois parte de algo, eso es maravilloso, es algo desbordante. Y, en serio, si queréis que toque algo realmente rockero o popero sólo con una guitarra acústica, lo intentaría. Si queréis cantar conmigo, eso es lo que más me gusta del mundo. Podríamos hacerlo. Chicos, si os sabéis las letras de las canciones, decidme cuáles queréis que toque y las tocaré."


"Music is my savior
I was maimed by rock and roll
I was tamed by rock and roll
I got my name from rock and roll"


(Sunken treasure.- Jeff Tweedy)

martes, 26 de junio de 2012

Música desde la orilla

Concierto del Día de la Música (Teatro Duque; 21/06/12)


Una luz que va apagándose sin más
eso es lo que sucede.
Una luz que va apagándose sin más
eso es lo que más duele.

Yo no voy a ser quien te haga ver

que estás equivocada.
Yo no voy a ser quien te haga ver
que esto no es una guerra.

Tormentas que van anunciando el final

y el final nunca acaba.
Palabras que van afilando y al final,
al final se nos clavan.

(Tormentas.- McEnroe)




La chica de la primera fila giraba la cabeza como si esperara a alguien. A fin de cuentas, ¿quién no lo hace? Da igual si viene de camino o si en realidad no va a llegar nunca: el caso es que todos -de una manera o de otra- esperamos a alguien. O, al menos, eso era lo que pensaba mientras debatía conmigo mismo acerca de si me atrevía a intentar ocupar la silla que permanecía vacía a su lado...

Supongo que hay que ser muy loco o muy valiente para ir solo a un concierto de McEnroe. Aunque no fueran del todo McEnroe, ya que esta vez actuaban en formato "trío improvisado" (con "un primo" a la guitarra y David Cordero -de Úrsula- a la batería). Pero daba igual mientras estuviera la voz estremecedora de Ricardo Lezón al frente. Hiriendo en cada nota. Rasgando partes de nosotros que no dolían antes de que empezara a cantar desde esas letras capaces de tocarte el alma hasta hacerte un daño tan necesario. Haciéndonos llorar por dentro. Porque la música de McEnroe tiene algo de mar: es capaz de mecerte mansamente si te dejas llevar, casi hipnotizado por la belleza de sus melodías (son especialmente asombrosos los acordes de guitarra en sus canciones), pero también de darte un revolcón si las olas de repente aprietan, hasta el punto de correr el riesgo de ahogarte en su voz, en sus canciones. 

Y sin embargo, incluso con el corazón encogido a costa del dolor que encierra la poesía desgarrada de sus letras, y esa voz a ratos lastimosa, doliente, emocionante hasta un punto difícilmente definible de Ricardo, uno termina despertando en la orilla después del naufragio. Y es posible que incluso la sal del agua de ese mar ayude, al final, a curarnos -de algún modo- las heridas.



sábado, 17 de marzo de 2012

Música para corazones incendiados

*Crónica del concierto del 2 de marzo

Hay algo maravilloso en la música. Algo que te permite salir con una sonrisa de un concierto en el que todas (o casi todas) las canciones suenan tristes, desgarradas, oscuras y profundas. Algo que te acaricia el alma cuando sientes una armónica que se cuela hasta el fondo del corazón o las notas de un piano estremeciéndose con tu cuerpo en el asiento. Y es algo que no acertamos a explicar. Algo a lo que –casi diría que- renunciamos a explicar.

Puede que de eso se trate al fin al cabo el rompecabezas que A jigsaw proponen en su nombre: de no intentar resolverlo, de sencillamente dedicarse a disfrutar de cómo se mueven las piezas descolocándolo todo para que de alguna manera pueda estar en su verdadero sitio. Disfrutar de cómo la guitarra acústica acompaña todo el tiempo la voz grave, profunda, coheniana de João Rui apoyada a veces en pianos, teclados, auto harpas, percusión y demás instrumentos cuyo nombre ni siquiera conozco. Resulta asombroso que tan sólo dos músicos consigan recrear todas esas sensaciones así, con esa maravillosa armonía que mostraron sobre el escenario llenando el aire de música, de sentimiento, de arte. Y eso que les faltó el acompañamiento de un tercer miembro, la chica que según nos comentó con simpatía João había sido operada el día anterior “pero estaba bien, tranquilos”. Hicieron una de esos recitales que podrían calificarse de emocionantes, sin ningún tipo de alarde ni despliegue pero llenándolo todo. Incluso el silencio. En un ambiente recogido y respetuoso sobre el pequeño escenario del auditorio del CICUS, desgranaron un repertorio basado esencialmente en sus dos últimos discos (Like the wolf y Drunken sailor & happy pirates), pero que incluía también varias caras B y temas de EPs incluso editados en cinta de cassette (“para aquellos a los que les gusten los coches viejos”, en una divertida dedicatoria de João).

E incluso para alguien que, como yo, se acercara a verlos por primera vez y desconociera las canciones (y en consecuencia la inmensa mayoría de sus títulos), resultaba inevitable no dejarse invadir por esa voz profunda en temas como The strangest friend, con esos teclados tan de Leonard Cohen, emocionarse hasta casi sentir escalofríos en los temas donde acompañaba la armónica o admirar la capacidad de cantar –en ocasiones- líneas de alguna estrofa sin instrumento alguno más que la voz y el silencio alrededor de ella. Y admirar el sentido artesanal de sus melodías, tan ricas en instrumentación que incluso llegaban a echarse de menos a veces los violines sin haberlos escuchado nunca previamente. Y sonreír con las referencias literarias mencionadas por João Rui, como Steinbeck o Tolstoi, sabiendo de antemano que alguien que canta así no puede sino amar los libros como la música. A este último incluso dedicaba una canción, acaso la más emocionante de todo el repertorio para mi gusto, la inmensa No more que no me dejó más opción que buscar su disco a la salida del concierto; no como un gesto de apoyo hacia un grupo que había dado un extraordinario concierto, sino casi como una necesidad. Quería poder escuchar otra vez sus canciones cuando ellos ya no estuvieran sobre aquel escenario.

Aunque incluso entonces aún me duraría la sonrisa que consiguieron sacarme con la autenticidad que transpira la música en cada una de sus grandes –y tristes- canciones.

lunes, 31 de octubre de 2011

El "milagro" Vetusta


Como ya hicieron la última vez en Territorios, Vetusta Morla se fueron sin cantar Al respirar y yo me quedé con las ganas de dejarme por enésima vez la garganta durante el concierto. Pero a esas alturas ya casi no importaba ser quien ponga el aire, teniendo en cuenta que acababan de dejarnos durante casi más de dos horas sin apenas respiración.

Abrieron con Los días raros, acaso mi favorita de su último disco y perfecta para un comienzo de concierto; guiada por ese teclado casi hipnótico al que se van sumando los demás instrumentos en una cadencia asombrosa y precisa como el engranaje de un reloj. Y fue un aviso de lo que nos encontraríamos durante todo el concierto: la voz de Pucho en plenitud (salvo un par de instantes de duda que hicieron -falsa alarma- temer por su integridad esa noche), una banda de sonido tan denso -y no obstante, limpio- como pletórico (especialmente brillantes los teclados y la batería marcando el ritmo en esa apertura) y un público entregado desde el primer acorde. La interpretación fue arrebatadora hasta el punto de que más parecía uno de los bises que el principio del concierto. Pero, afortunadamente, era tan sólo el comienzo.


A partir de ahí, desgranaron sin apenas descanso un repertorio basado mayoritariamente en temas de su segundo trabajo (Mapas) a los que dotaron de una energía en muchas ocasiones superior a la ya mostrada en el disco. A ello contribuyó notablemente el aporte del público, rabioso por corear cada estribillo y aplaudir con fuerza en cada canción, haciendo imposible que no sucediera una comunión casi perfecta con la banda. Y lo cierto es que me sorprendió la robustez de un setlist en el que entraron todas las canciones de su nuevo disco, ése que -en general- parecía despertar más dudas que el de su debut. Sin embargo, en directo apenas se resintió de la aparente "irregularidad" que en ocasiones me transmitía Mapas al escucharlo. Claro que, evidentemente, no estamos hablando de unos novatos en esto de dar conciertos, y Vetusta mezclaron muy hábilmente su nuevo trabajo con grandes "trallazos" de Un dia en el mundo, como la canción homónima, Copenhague, Rey sol, Sávese quien pueda o Valiente (estas dos últimas encadenadas sin apenas un instante de silencio entre medias, en uno de los momentos álgidos de la noche).

Mucho se les ha criticado desde ciertos sectores si eran un grupo que se había vendido al éxito o si precisamente el revuelo creado tras el sorprendente (casi milagroso) boom de su disco de debut podría haberlos perjudicado para abordar su segundo álbum. Y sinceramente, si alguien tiene dudas al respecto de su música, que (se) haga el favor de escucharlos en directo. Podrán achacarles que recuerdan en ocasiones más o menos a Radiohead -banda a la que no cabe la menor duda que admiran, pues sus melodías y especialmente las secciones rítmicas remiten a ellos de forma recurrente- o que la voz tan personal de su cantante te transmita más o menos (sobre gustos no hay nada escrito, claro...), pero lo que es indisctutible es que estos tipos se lo dejan todo en un escenario. Y que lo hacen bien, muy bien incluso. Que el sonido que consiguen es realmente impecable (cómo se agradeció esta vez que el recinto fuera un lugar acondicionado para música en lugar del descampado utilizado en el Territorios), y haciendo una música que dista bastante de los cánones imperantes entre los grupos de este país. Podrían fácilmente haber seguido la senda del hit inmediato que tan bien exploraron en su primer disco y, sin embargo, han optado por abrir otros caminos a nivel melódico y rítmico, con canciones de mayor complejidad en su desarrollo. Y no contentos con ello, además las llevan al escenario con precisión y energía, mejorándolas con una mayor potencia en las guitarras y una batería imparable que tira de las canciones en casi todo momento. No es que lo tuvieran difícil para que el público se volcara (había una predisposición total por nuestra parte), pero a fe que sobre el escenario se ganaron todo el entusiasmo generado con una actitud que para sí quisieran muchos grupos infinitamente más radiados o con más años sobre las tablas (y más ceros en la cuenta corriente por la venta de sus discos).


A pesar de la duración del concierto (cercana a las dos horas), creo que todos nos quedamos aún con ganas de más después del cierre apoteósico en el que encadenaron Un día en el mundo (acaso una de sus canciones más exitosas) y la frenética La cuadratura del círculo, en la que a Pucho asombrosamente aún le quedaba voz (estuvo a un nivel realmente impresionante durante todo el concierto) para seguir haciendo alardes e incluso escucharse por encima de un auditorio completamente entregado a corear a una banda que demostró que, para ellos, hacer música y compartirla con su público aún sigue siendo lo fundamental, por encima de ventas, posturas o etiquetas.

Y, aunque -como dijo el propio Pucho- hacer música en estos días sea "casi un milagro", que sigan así por mucho tiempo. Y que nosotros lo veamos.